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Silvia Leal
21-09-2019 1
Silvia Leal
21-09-2019 1

¿Cambiaría la opinión de Jacques Cousteau con la inteligencia artificial?

Dicen que los delfines son uno de los animales más divertidos y simpáticos que existen. Dan volteretas, giran y pueden llegar a hacer acrobacias insólitas, por lo que son un valor seguro para multitud de zoos y acuarios de todo el mundo. No obstante, ¿es eso todo lo que son? ¿unos animales capaces de entretenernos? ¿De hacernos pasar un buen rato? ¿De proporcionarnos diversión?

El explorador Jacques Cousteau dijo en una ocasión que: “La felicidad de la abeja y la del delfín es existir. La del hombre es descubrir esto y maravillarse por ello”. Y, aunque no soy quién para juzgar sus palabras, estoy segura de que los descubrimientos científicos más recientes le hubieran llevado a cuestionar hoy esos pensamientos.

Según afirman desde la Universidad de Manchester, el delfín es una especie en pleno desarrollo como resultado de la evolución que ha tenido su cerebro. De esta forma, su cerebro es el mayor del reino animal con relación al tamaño de su cuerpo y además le caracteriza un alto nivel de encefalización (grado de desarrollo).

Esto explica que investigaciones recientes muestren que tienen:

  • Autoconciencia: Los delfines pasaron en el año 2000 la prueba del espejo, un test para comprobar si tienen conciencia de sí mismos. Por si fuera poco, en 2013, la Universidad de Saint Andrews (Escocia) mostró que los defines utilizan distintos tipos de silbidos para llamarse entre sí, lo que sugiere que, además de tener autoconciencia, se llaman por su propio nombre (o apodo). 
  • Amistades duraderas: Un equipo de investigadores de las universidades de Zúrich, Bristol y Australia Occidental ha logrado mostrar en 2019 que los delfines macho crean vínculos de amistad que pueden durar décadas, por ello eligen con cuidado a sus amigos, asegurándose de tener con ellos intereses comunes. 
  • Herramientas y tradición: Durante años los científicos se preguntaron por qué algunos delfines llevan, de forma habitual, esponjas en el hocico, y la respuesta llegó en 2005 de la mano de la Universidad de Zurich: ellos también usan herramientas y, de hecho, transmiten de padres a hijos las técnicas de funcionamiento. De la misma forma, hemos podido comprobar que son capaces de trabajar “en equipo” y que se transmiten de unos a otros las técnicas de caza. 
  • Ternura maternal: En 2016, la Universidad del Sur de Misisipi, demostró que durante el embarazo los delfines cantan a sus crías para asegurar que tras el nacimiento reconozcan a su madre. Además, recientemente se han podido documentar casos de “adopción”, en concreto, por parte de una “mamá” delfín al encontrar una cría de ballena huérfana en el Océano Pacífico. 
  • Empatía con los otros: Cuando a un delfín se le acerca el momento de morir, sus compañeros le ayudan a subir a la superficie, ayudándole a respirar para que pueda aliviar el sufrimiento. Un dolor que se comparte en el grupo dado que son animales que pueden llegar a sentir una profunda tristeza.

Además, en 1950 el neurofisiólogo estadounidense John C. Lilly demostró que los delfines comparten con nosotros un doble sistema de comunicación. En primer lugar, el no verbal, por medio del tacto y de un lenguaje corporal, lo que les permite organizarse y colaborar entre sí para aumentar sus posibilidades de supervivencia. Y también se comunican entre sí con un sistema tan complejo de señales que todo parece apuntar a que estamos ante un auténtico lenguaje.

Emiten silbidos, chillidos, gruñidos, gorjeos y golpeteos y, con el entrenamiento adecuado pueden llegar a vocalizar sonidos parecidos a palabras y, por ello, algunos investigadores han sugerido que podríamos llegar a comunicarnos con ellos, por lo que cada vez son más las iniciativas que buscan romper las barreras que nos separan.

¿Estamos frente a un sueño o se trata más bien de un reto científico? Para responder, nada mejor que los avances ya realizados sobre otro tipo de cetáceo: las ballenas.

En 1967 los biólogos Roger Payne y Scott McVay descubrieron que las ballenas jorobadas “cantaban”. Se trataba de vocalizaciones de “temas” de tal elaboración y belleza que, tras publicarse en el álbum Songs of the Humpback Whale, lo convirtieron en elálbum ambiental” más vendido de la historia.

Desde entonces, el canto de las ballenas no ha dejado de generar un enorme interés y, por ello, en el Océano Atlántico un equipo de científicos está usando la inteligencia artificial de Huawei para interpretarlo.  

En pocas palabras, la ciencia ha demostrado que estos cetáceos tienen muchas de las capacidades que hasta hace poco tiempo se consideraban patrimonio exclusivo de la humanidad. Sin embargo, y a pesar de todos estos descubrimientos, su inteligencia y comportamiento siguen siendo todo un misterio. ¿Llegaremos a entender por qué cantan las ballenas? ¿Qué dicen en sus canciones? ¿Y a comunicarnos con los delfines? ¡Ojalá!

Desde luego, espero que no tardemos tiempo en entenderlos y comunicarlos con ellos. No obstante, en el corto plazo, me conformo con que la tecnología nos permita abrir los ojos y empatizar en mayor medida con ellos, porque como la ciencia parece indicar son mucho más inteligentes de lo que nos pensábamos y, desde luego, ni las ballenas ni los delfines se merecen estar, como están, en peligro de extinción por la actividad del hombre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Autor SLEALM

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